La tecnología de ultracongelación ha trascendido la mera aplicación de congelación doméstica y se ha integrado profundamente en toda la cadena de la industria alimentaria, transformando la cadena de suministro de alimentos desde la producción en origen hasta el consumo final. En el procesamiento de productos agrícolas, la ultracongelación se ha vuelto crucial para abordar el desajuste entre producción y ventas: congelar frutas y verduras dentro de las dos horas posteriores a la cosecha conserva más del 90 % de sus vitaminas y humedad, reduciendo el desperdicio del 25 % a menos del 5 % en comparación con el almacenamiento tradicional a temperatura ambiente. Por ejemplo, los arándanos ultracongelados no solo ofrecen un suministro a largo plazo como ingredientes para hornear y para decorar bebidas, sino que también mantienen un sabor casi fresco después de la descongelación gracias a la tecnología de congelación-descongelación, lo que ayuda a que frutas de nicho ingresen al mercado nacional.